lunes, 15 de junio de 2015

Sin reyes y sin tiranos

“Nuestra juventud es la edad de la energía, del vigor y de la magnanimidad. Si es capaz de grandes pasiones, lo es también de grandes virtudes y grandes intentos.”

“Vamos, no a luchar, sino a vencer; la seguridad de la patria pende de vuestro esfuerzo; soldados, corramos a la victoria y volvamos a nuestros hogares coronados del amor y la virtud.”

“Vosotros compatriotas, que sabéis burlaros del mar con denuedo y bizarría, vais a cubriros de gloria, salvando al país y escarmentando el atrevimiento insolente de los malvados.”

“Siempre me pareció digno de un hombre honrado sacrificar su reputación a la de su Patria. Si esta máxima no constituye el heroísmo es, por lo menos, el resumen de las virtudes más sublimes del ciudadano.”

José Miguel Carrera

domingo, 14 de junio de 2015

Pound not dead!

“Los movimientos pacifistas financiados por los beneficiados de la guerra que siguen en el negocio de la banca y del armamento, o cuyo subsidio procede de la venta de munición, difícilmente conducirán a una nueva paideuma. Los pacifistas que rehúsan examinar todas las causas de la guerra, por su natural inconstancia y sus razones económicas directas, son pura chusma.”

“Unos pocos usureros en la gran línea reptiliana convierten a cualquier nación en un peligro. Unos pocos “financieros” en libertad son suficientes en unas pocas generaciones para pervertir toda la prensa de una nación y desteñir toda su educación.”

“La única historia que NO encontramos en los puestos de periódicos es la historia de la usura. (…) La historia de dónde este y aquel tirano, necio, idiota, empelucado y purulento Borbón, empelucado, beato y enfermo Estuardo, sacaron su dinero y de qué manera desde la época de César hasta la nuestra no ha sido escrita con claridad. ¿Quién pagaba tales y tales guerras, qué fue, salvo la pobreza, lo que evito que fulano y mengano hicieran más guerras con pertrechos más deslumbrantes?”

“Ninguna biografía de un hombre público o de un gobernante o primer ministro podrá, de aquí en adelante, ser aceptada como valida a menos que contenga una abierta declaración de sus ingresos y de sus actos públicos en relación con las finanzas publicas. ¿Ayudó o no ayudó a, o estuvo mojado en, estafar a la gente haciéndoles pagar dos dólares de impuestos por cada dólar de servicios prestados al público, por cada dólar de material comprado para el público? Esto es claramente lo que queremos saber de ahora en adelante acerca de cualquier persona con autoridad pública. Es lo primero que queremos saber (después de lo cual los kioscos de periódicos del mundo podrán poner en circulación sus amoríos de alcoba, sus flirteos con la doncella o con la duquesa, según su capricho).”

Pound not dead!

sábado, 13 de junio de 2015

Insurrectos de Espíritu


Todas las insurrecciones del Espíritu contra los devoradores de carne cruda y contra los explotadores de pueblos inermes se encenderán con nuestra chispa (…) Todos los expoliados de todas las especies se reagruparán bajo nuestro signo. Y los inermes serán armados. Y la fuerza se opondrá a la fuerza. Y la nueva Cruzada de todas las naciones pobres y empobrecidas contra las naciones usurpadoras y acumuladoras de toda riqueza, contra la raza de los depredadores, contra la casta de los usureros que explotaron ayer la guerra y hoy la paz, la novísima cruzada, restablecerá la verdadera justicia. (…) Toda insurrección es un esfuerzo de creación. No importa que sea truncada por la sangre, porque los supervivientes la transmitirán al porvenir.

Gabriele D’Annunzio.

viernes, 12 de junio de 2015

La eterna crisis chilena



El gran problema espiritual que debemos resolver puede sintetizarse por la palabra nacionalización. No se trata de una actitud de chauvinismo frente al extranjero, de odio, de desprecio, o de burla. Nada debe estar más lejos de nosotros que eso. Cada día nos convencemos más de la necesidad de mutua comprensión y conocimiento de los pueblos. Durante muchos decenios más y quizás hasta el fin de su vida cultural, tendremos que aprender de la vieja Europa, eternamente joven y esbelta.

Lo que necesitamos es que la imitación mecánica sea substituida por una participación inmediata en el espíritu occidental de la época. Debemos hacer nuestros sus métodos y procedimientos, compenetrando su estructura interna. En vez de imitar los contornos exteriores, debemos tratar de adaptar el espíritu mismo que domina a las creaciones occidentales, con el fin de despertar nuestras facultades creadoras.De esta manera se producirá nuestra nacionalización (…) Sin duda, las ciencias y las artes tienen actualmente un carácter internacional en el mundo occidental.

En todas partes se aplican los mismos principios, la misma técnica. los mismos procedimientos. Pero, sin embargo, los resultados a que se llega tienen un carácter diferente en cada pueblo. Existe simultáneamente una cultura internacional y otra nacional.La aplicación de las bases internacionales a un ambiente determinado, efectuada en forma creadora y no imitadora, genera la cultura nacional, que es el fruto de las condiciones particulares del ambiente en que vive una sociedad humana.

Así, por ejemplo, podemos estudiar los métodos de la sociología en la literatura internacional y aprenderemos las categorías que debemos aplicar para hacer estudios sobre la materia. Si permanecemos han el estado de la imitación servil, trataremos de transplantar a nuestro país las instituciones que existen en otras naciones. Pero si estamos dotados de espíritu creador, prescindiremos completamente de lo que actualmente existe en otras partes y trataremos de analizar las bases sociológicas de nuestra nación, con el fin de llegar a una organización social que nos sea idónea. Llegaremos así a tener un Estado chileno, diferente del alemán, francés, inglés o norteamericano, y que representará una nueva solución de los problemas políticos.
Exactamente lo mismo ocurrirá con el arte.

La técnica es internacional, se puede aprender en todas partes. Tampoco el asunto o motivo exterior que se pinta o describe nacionaliza al arte. Pero la intimidad, la intensidad con que un pintor experimenta las sensaciones de los fenómenos ópticos de nuestro país —diferentes de los de otros ambientes — produce obras nacionales.


Carlos Keller

Contra la reacción

 

Por eso, camaradas, ni estamos en el grupo de reacción monárquica, ni estamos en el grupo de reacción populista. Nosotros, frente a la defraudación del 14 de abril, frente al escamoteo del 14 de abril, no podemos estar en ningún grupo que tenga, más o menos oculto, un propósito reaccionario, un propósito contrarrevolucionario, porque nosotros, precisamente, alegamos contra el 14 de abril, no el que fuese violento, no el que fuese incómodo, sino el que fuese estéril, el que frustrase una vez más la revolución pendiente española.

Y por eso nosotros, contra todas las injurias, contra todas las deformaciones, lo que hacemos es recoger de en medio de la calle, de entre aquellos que lo tuvieron y abandonaron, y aquellos que no lo quieren recoger, el sentido, el espíritu revolucionario español, que, más tarde o más pronto, por las buenas o por las malas, nos devolverá la comunidad de nuestro destino histórico y la justicia social profunda, que nos está haciendo falta.

Por eso nuestro régimen, que tendrá de común con todos los regímenes revolucionarios el venir así del descontento, de la protesta, del amor amargo por la Patria, será un régimen nacional del todo, sin patrioterías, sin faramallas de decadencia, sino empalmado con la España exacta, difícil y eterna que esconde la vena de la verdadera tradición española; y será social en lo profundo, sin demagogias, porque no harán falta, pero implacablemente anticapitalista, implacablemente anticomunista.

Ya veréis cómo rehacemos la dignidad del hombre para sobre ella rehacer la dignidad de todas las instituciones que, juntas, componen la Patria.


José Antonio Primo de Rivera, 19 de Mayo de 1935.

jueves, 11 de junio de 2015

Mi encuentro con Codreanu

Entre los diferentes jefes de los movimientos de reconstrucción nacional surgidos en el período comprendido entre las dos guerras mundiales a quienes tuve ocasión de conocer, recuerdo especialmente a Cornelio Codreanu, el jefe de la Guardia de Hierro rumana, como una de las figuras más puras rectas y nobles. Fue en la primavera de 1936 cuando lo visité en Bucarest durante el curso de uno de los viajes de exploración emprendidos por mí en aquel período por diferentes países europeos.

Codreanu impactaba aun físicamente. Alto, bien proporcionado, él reflejaba el tipo racial “ario-romano” que también en Rumania tiene sus ejemplares, teniendo por un lado relación con la colonización romana de Dacia, así como con estirpes indoeuropeas de la más antigua población local. Su fisonomía y su modo de hablar nos daban la certeza de hallarnos ante un hombre en el cual lo tortuoso, la falta de sinceridad, la deslealtad y la traición habrían sido totalmente imposibles. Ello también tenía que ver con la particular autoridad de la que él gozaba entre sus secuaces, vinculados a él por un vínculo sumamente personalizado, mucho más profundo que el simple gregarismo político.


En aquel período la situación en Rumania era tensa, en lo relativo a las relaciones entre el Gobierno del rey y la Guardia de Hierro. Se preparaba el clima que habría de desembocar en la tragedia sucesiva. En la embajada italiana se me había dicho que no era prudente acercarse a Codreanu; las autoridades rumanas ya habían expulsado de manera inmediata a otros exranjeros que habían entrado en contacto con él. No hice caso a tal advertencia. Un rumano con el cual yo me hallaba en relación, puesto que estaba interesado en los estudios tradicionales, actuó como intermediario.

Poco después de haber expresado el deseo de un encuentro, dos emisarios aparecieron silenciosamente en la pieza del hotel en donde me encontraba para conducirme con su jefe, en la famosa “Casa Verde”. Habiendo sido construida en la periferia de Bucarest por los legionarios con sus mismas manos, la misma era la central del movimiento.
Después de pasar por aquello que en Rumania parece ser un rito tradicional de hospitalidad –el ofrecimiento de un pequeño plato de mermelada con un vaso de agua– Codreanu se presentó, y de manera inmediata entre ambos se estableció un simpático entendimiento desde las primeras palabras. Él sabía de mi obra “Rebelión contra el mundo moderno” la cual, habiendo salido también hacía dos años en traducción alemana, había alcanzado una notoria resonancia en Europa Central. Mi interés por dar a la lucha política una base espiritual y tradicional, justamente favorecía con Codreanu un particular acercamiento.

Debido a que yo no conozco el rumano, él se expresó en francés, con una cierta hesitación que le permitía formular su pensamiento de manera exacta, concisa y meditada.
Entre los temas de nuestro coloquio recuerdo la interesante caracterización que Codreanu hiciera del fascismo, del nacional socialismo alemán y de su mismo movimiento. Él dijo que en todo organismo existen tres principios: la forma, la fuerza vital y el espíritu. Se debe pensar lo mismo en lo referente a una nación, y un movimiento renovador puede desarrollarse haciendo recaer el acento mayormente en uno y otro de los tres principios. Según Codreanu, en el fascismo el principio de la forma, como idea política formativa y Estado, tenía la primacía; era la herencia de Roma cual potencia organizadora. En vez en el nacional socialismo alemán se daba un particular relieve a la fuerza vital: de aquí el papel que en el mismo tenía la raza, el mito de la raza, la apelación a la sangre y a la comunidad nacional racial. Para la Guardia de Hierro en cambio el punto de partida había sido el elemento espiritual. Quería pues partirse de éste. Y por “espíritu” Codreanu comprendía algo que tenía referencia también con los valores propiamente religiosos y ascéticos.
En el pueblo rumano hay algo caduco, dijo él. Una profunda renovación que parta desde lo interior del individuo y que se dirija sobre todo en contra de todo lo que obedece al deseo de lucro, al bajo interés, a la politiquería y al mercantilismo de la ciudad es la premisa esencial. Así pues el suyo quería ser no tanto un partido, sino un movimiento, y no se tenía ninguna confianza en el intento en ese entonces en curso de consolidar el país partiendo de una superestructura democrática, aunque fuese controlada por la monarquía. Hablando de la cuestión religiosa, Codreanu hizo alusión a que la situación histórica de un país como Rumania era propicia, puesto que el cristianismo greco-ortodoxo ignora la antítesis entre universalismo de la fe e idea nacional; en cuanto iglesia nacional, la Iglesia ortodoxa podía ser la contraparte del todo acorde con un Estado renovado en el sentido de una revolución nacional.

Por lo tanto valores religiosos, es más, muchas veces místicos y ascéticos, actuaban como base de la organización de la Guardia de Hierro rumana. Una de sus secciones llevaba el nombre de Legión del Arcángel Miguel. No sólo la plegaria, sino también el ayuno eran practicados allí. Para los jefes se aplicaba un voluntario estilo de austeridad; los mismos no debían nunca mostrarse en público divirtiéndose en teatros y fiestas profanas. No debían hacer ostentación de lujo y de riquezas. Tampoco se veía bien el mismo matrimonio, puesto que debía disponerse de sí mismos hasta el fondo.
Había además una especial mística de los muertos en la Legión. El rito del “¡Presente!”, conocido también por el fascismo, era practicado en formas en las cuales algunos señalaron un carácter incluso de evocación mágica. Moza y Marin, dos jefes legionarios rumanos amigos de Codreanu caídos en la guerra de España, eran objeto de un culto especial.

En el largo coloquio con Codreanu se habló de muchos otros temas. Luego me acompañó él mismo en coche hasta mi hotel, casi como un desafío – ya hice mención a la advertencia que me había sido dada por la embajada italiana. Al preguntarle si la Guardia de Hierro tuviese algún distintivo, él me mostró uno. Era un pequeño círculo similar al que llevaban en el ojal las SS cuando iban de civil, con una especie de reja gris sobre un fondo negro. Le pregunté qué significaba ese dibujo; Codreanu se limitó a decir de manera jocosa: “Quizás sean las rejas de la prisión”.

Lamentablemente la broma contenía un triste presagio. Se sabe cuál fuera el final de Codreanu. El rey, seducido por su amante, la intrigante Lupescu, y su gobierno “democrático”, compuesto de elementos ligados a la masonería y a otras influencias oscuras, quisieron liquidar en forma expeditiva a la peligrosa Guardia de Hierro , la cual concentraba en sí a las partes más sanas de al población. Se procedió a efectuar arrestos en masa. También Codreanu fue arrestado. Fue suprimido de la misma manera que Ettore Muti : se pretendió hacer creer que fue matado mientras intentaba huir. Pero con tal acción el rey preparó su propia ruina. Primero vino el régimen del general Antonescu, en su momento secuaz de Codreanu. Luego Rumania fue también arrastrada por el derrumbe general del Eje y las armadas rojas impusieron al país el actual régimen comunista.

Pero no pocos elementos de la Guardia de Hierro han sobrevivido; en el exilio ellos permanecen fieles a la idea de su jefe y son elementos activos dentro de las filas de diferentes nucleamientos nacionales: en Bélgica, en Suiza, y especialmente en España, pero también en Francia, puesto que figuraron entre aquellos que habían preparado una ideología de rasgos también espirituales y tradicionales para aquel movimiento militar traicionado y luego sofocado por De Gaulle y que luego de ello pasaron a la OAS y a organizaciones afines. La herencia de Codreanu no se ha perdido.

Julius Evola.

Comunidad nacional


La primera vinculación es con la comunidad nacional, y obliga a participar, compartiéndolos y coejerciéndolos, en los esfuerzos, anhelos y capacidades de todos los miembros y estamentos de la nación. Esta vinculación se afianzará en adelante y arraigará en la existencia estudiantil mediante el servicio del trabajo.
La segunda vinculación es con el honor y el destino de la nación entre los demás pueblos, y exige la disposición -afirmada en el saber y el poder, y adiestrada por la disciplina- de entregarse hasta el límite. Esta vinculación abarcará y atravesará en el futuro la entera existencia estudiantil como servicio de armas. 
La tercera vinculación del estudiantado es con la misión espiritual del pueblo alemán. Este pueblo forja su destino colocando su historia en medio de la manifiesta hegemonía de los poderes de la existencia humana que configuran el mundo y luchando, una y otra vez, por conseguir su mundo espiritual.

Martin Heidegger