martes, 30 de junio de 2015

Declaración de guerra a Francia e Inglaterra


"Combatientes de tierra, del mar y del aire. Camisas Negras de la Revolución y de las Legiones, hombres y mujeres de Italia, del Imperio y del Reino de Albania. ¡Escuchen!

Una hora marcada en el destino, sacude el cielo de nuestra patria, una hora de las decisiones irrevocables. La declaración de guerra, ya ha sido consignada a los embajadores de Gran Bretaña y de Francia.

Salgamos al campo contra las democracias plutocráticas y reaccionarias del occidente que siempre han obstaculizado la marcha y a menudo han atentado contra la existencia misma del Pueblo italiano.

Algunos lustros de la historia más reciente, se pueden resumir en estas palabras: frases, promesas, amenazas, chantaje, y al final, cual coronamiento del edificio, el infame asedio asociado de cincuenta y dos estados.

Nuestra conciencia está absolutamente tranquila. Con ustedes el mundo entero es testigo que la Italia del Littorio ha hecho cuanto era humanamente posible, para evitar la tormenta que convulsiona Europa. Pero todo fue en vano.

Bastaba revisar los tratados, para adecuarlos a la exigencia cambiante de la vida de las naciones y no considerarlos intangibles por toda la eternidad. Bastaba, no iniciar la política necia de las garantías, que se ha manifestado sobretodo mortal para los que la han aceptado.

Bastaba, con no rechazar la propuesta que el Führer hizo el 6 octubre del año pasado, después de terminada la Campaña de Polonia. Ya todo eso pertenece al pasado. Si hoy, nosotros estamos decididos a afrontar los riesgos y los sacrificios de una guerra, lo es porque el honor, los intereses, el futuro, férreamente lo imponen, ya que un gran pueblo es realmente tal, si considera sagrados sus empeños y si no evade las pruebas supremas que ha dispuesto el curso de la Historia. Nosotros, empuñamos las armas para resolverlo, después de solucionado el problema de nuestras fronteras continentales, el problema de nuestras fronteras marítimas.

Nosotros queremos romper las cadenas del orden territorial y militar que sofocan nuestro mar, porque un pueblo de 45 millones de almas, no es verdaderamente libre si no ha liberado el acceso a su océano.

Esta gigantesca lucha no es una fase ni el desarrollo lógico de nuestra Revolución. Es la lucha del pueblo pobre con brazos numerosos en contra de los hambrientos que retienen ferozmente el monopolio de todas las riquezas y todo el oro de la tierra. Es la lucha de los pueblos fecundos y jóvenes contra los pueblos estériles y que tienden al ocaso; es la lucha entre dos siglos y dos ideas.

Ahora que los dados han sido tirados y nuestra voluntad ha puesto sobre nuestros hombros los navíos, yo declaro solemnemente que Italia no quiere arrastrar al conflicto a otros pueblos limítrofes por mar o por tierra. Suiza, Yugoslavia, Grecia, Turquía, Egipto, tengan en cuenta mis palabras y depende de ellos, solamente de ellos, si ellas serán confirmadas rigurosamente. ¡Italianos! En una memorable concentración, aquella de Berlín, yo dije que según las leyes de la moral fascista, cuando se tiene a un amigo se marcha hasta el final con él. Esto hemos hecho y lo haremos con Alemania, con su pueblo, con sus victoriosas fuerzas armadas.

En esta víspera de un acontecimiento de alcance secular dirigimos nuestro pensamiento a su Majestad el Rey Emperador, que como siempre ha interpretado el ánimo de la Patria, y saludamos la voz del Führer, el jefe de la Gran Alemania aliada. La Italia proletaria y fascista está por tercera vez de pie, fuerte, orgullosa y compacta como no lo estuvo nunca.

La palabra de orden es un sola, categórica y comprometida para todos. Ella ya sobrevuela y enciende los corazones desde los Alpes al Océano Índico: ¡VENCER! Y venceremos para por fin lograr un largo período de paz, con justicia para Italia, para Europa, para el mundo. Pueblo italiano, corre a las armas y demuestra tu tenacidad, tu ánimo, tu valor."


10 de Junio de 1940
Benito Vittorio Mussolini

Violencia es...


Violencia es agredir a los estudiantes que se manifiestan unidos en la calle porque ya no están bajo el control del partido.
Violencia es denunciar a tu adversario político para que sabiendo que es inocente quitártelo de en medio porque te ha derrotado políticamente.
Violencia es pedir la ilegalización de los movimientos adversarios porque no se postran a los dictados asfixiantes y homologadores.
Violencia es pedir la clausura de un movimiento adversario porque un loco que una vez se definió como simpatizante ha cometido un atentado, mientras el partido de quien pide esa clausura tiene entre los suyos a dirigentes mafiosos y corruptos.
Violencia es lanzarse en los periódicos y webs a la caza del fascista para ser democrático.
Violencia es esperar que antes o después la tensión llegue al punto culminante de forma que se pueda tener durante días artículos para escribir y enemigos para atacar desde detrás de una mesa de despacho.
Violencia es esperar de los atentados y de los homicidios una excusa que pueda reforzar la propia función.

Gianluca Iannone

lunes, 29 de junio de 2015

Vacío y plenitud justicialista


El tres es un número emblemático para el justicialismo: define su posición ideológica (tercera), su estructura política (las tres ramas del movimiento) y las tres banderas de su programa doctrinario. Las grandes cosmogonías de Oriente y Occidente comparten este patrón numérico, articulando en torno al tres la estructura de sus dogmas. Un buen ejemplo es el del arbol de la vida en la cábala, con sus tres ramas: la rama izquierda, que expresa la misericordia; la derecha, la severidad; y en el centro, la rama del vacío, que sería algo así como el espacio del acuerdo, la zona no beligerante. Traspolado al cuerpo humano, la izquierda y la derecha son espacios llenos, estructurales, en donde la fuerza se despliega y el cuerpo es menos vulnerable; el eje central, en cambio, es mórbido y su condición primordial es la del vacío (boca, esófago, corazón, tráquea, estómago y útero). En la simbología bíblica, Caín y Abel personifican a la derecha y la izquierda. Ningún sistema bipolar sobrevive, como tampoco lo hicieron ellos. La disputa del dos no tiene salida.
Un sistema trinitario repone el equilibrio; según Pitágoras, el tres nos trae la primera figura geométrica: el triángulo, el sólido trípode sobre el que se construye el universo; todas las series armónicas, como las de Fibonacci, tienen su inicio aquí. Para los griegos, lograr la armonía es encontrar la medida o medianía entre dos términos dados, dando paso así a la proporción. Más precisamente para Platón, el problema armónico general se resuelve al poner en proporción los vacíos o intervalos de cifras que están en razones definidas con las cifras iniciales. Volviendo a Fibonacci, la tercera posición es una suerte de armonización del vacío, un intervalo armónico entre opuestos.
El gran pintor simbolista Xul Solar realizó entre 1950 y 1954 muchas obras con las imágenes del árbol de la vida en las que fue revelando aspectos de esta cosmogonía y que explican, en cierto modo, su adhesión al gobierno justicialista de entonces.
En el siglo XVII, el monje Athanasius Kircher, exclamó con pasión neopitagórica "todo lo trino es perfecto". Postrado bajo el triángulo que dibuja al Padre, celoso custodio del capital, al Hijo, abandonado en su aventura justiciera y terrenal, y al Espíritu Santo, la tercera aparición que desde la cúspide de la tríada, derrama sus dones de sutil componedor. Esta trinidad está muy emparentada con la de Shiva, Visnú y Brahma, el gran mar de la tranquilidad que en uno de sus pliegues produjo el entero universo; parentesco que llega al zorohastrismo, la antigua religión que, con sus dos dioses en oposición: Ahura Mazda y Arriman, coloca a la figura de Mitra -largamente estudiado por C. G. Jung- como el misterioso repositor del equilibrio. Aún mas hacia Oriente, el Tao nos recuerda que sólo el vacío justifica a las cosas: un vaso, una casa, un ser humano son por el espacio libre que existe dentro y fuera de ellos. Como sostiene Francois Cheng en su libro Vacío y plenitud, "el Yin y el Yang son un motor que gira y da vida al universo gracias al espacio que hay alrededor".
Fundar su doctrina en torno a una tercera posición, le permitió a Perón apelar constantemente a la búsqueda de la armonía, que no es otra cosa que ubicar de manera correcta un punto sobre un segmento entre dos extremos. En este caso, son comunismo y capitalismo, izquierda y derecha. Estas dos posturas encuentran su identidad en un punto fijo tan irreductible como la estructura de un sólido; nada de esto ocurre en el justicialismo, cuya virtud es la de plantear flexibles relaciones armónicas a través de diversas posibles distancias a los extremos. En esta tercera posición, el cuerpo doctrinario del peronismo expone su área de penetración ideológica, permitiéndole gozar libremente, abandonado a un perpetuo vagabundeo por el extenso campo que enmarcan las ideologías. En definitiva el justicialismo habita el vacío entre la izquierda y la derecha, en una especie de trascendencia de los opuestos, lo que nos puede llevar a interpretarlo de acuerdo con los parámetros de la física cuántica. Entonces diríamos: "el peronismo no es de izquierda ni de derecha, sino que tiende a serlo".


Extraído de "El valor de las runias", por Daniel Santoro.

Monarquia y República


Soy monárquico de don Pelayo y su feroz resistencia, del “seguidme, mis valientes”. Soy monárquico de los Reyes Católicos, del tanto monta, de los campamentos de los que partían los guerreros a la reconquista de España pero no de las cortes donde se citan lo más granado de la gentuza que no tiene oficio ni beneficio. Soy monárquico imperial del césar Carlos I, de Felipe II, cuyos Tercios dieron lecciones de bravura y esfuerzo sin límites: la mejor infantería del mundo. Pero no puedo ser monárquico de Fernando VII, rey felón y embustero; del irresponsable Alfonso XIII y sus desastres o Juan Carlos I y sus nacionalismos separatistas que dio marcha atrás del 18 de julio al 14 de abril.

No hay monarquías buenas, hay reyes dignos que hicieron mucho por su tierra y otros, en mayor cantidad, que se han enriquecido haciendo verdad el dicho del poeta: “Pobre España, no has tenido otro verdugo que el peso de tu Corona”.

No soy monárquico porque no entiendo cómo se hacen ricos los reyes, porqué están protegidos por leyes injustas y contradictorias. Si todos somos iguales ante la Ley, ¿qué es un rey? Y eso los de aquí, que si hablamos de las testas coronadas de Arabia Saudí, peor aún, que ya es decir.

Yo soy republicano pero de Platón o de la república de los camaradas, de hombres que ganan su derecho con su esfuerzo personal. Soy republicano de Roma y el derecho llevado por las legiones a buena parte del mundo. Soy republicano de América y el derecho a ser feliz.

Pero no soy republicano de la secesión del cantón de Cartagena, de la Generalitat de Cataluña o del racismo atroz de Sabino Arana.


Gustavo Morales

domingo, 28 de junio de 2015

El fin del economicismo como horizonte político


"Cuando ambicionan altos empleos del Estado y no pueden obtenerlos por méritos y talentos personales, derrochan dinero, seduciendo y atrayéndose a la masa por todos los medios posibles. La consecuencia es que este arribismo político acostumbra al pueblo a tomar regalos y le infunde un ansia de dinero obtenido sin trabajar. Con ello perece la democracia y es sustituida por la dictadura de los puños.(...) Y entonces, aglomerándose, asesina, saquea y hace suya la propiedad de los demás , hasta que, totalmente corrompida, cae en poder de un dictador ilimitado..." Polibio.

"El príncipe Pompeyo y el tribuno César (...) representan aun partidos; pero se repartieron el mundo con Craso en Luca por vez primera. Cuando los herederos combatían en Filipi contra los asesinos de César, ya no eran más que grupos. En Accio sólo había individuos. El cesarismo se había realizado." Oswald Spengler.


En todo movimiento revolucionario alientan, de un lado, la envidia y las ansias de destrucción que emanan de la chusma callejera, y de otro, la maestría de los demagogos que saben sacar partido a estos enfermizos instintos.

Pero no nos engañemos. Cualquier organización descansa por necesidad en la capacidad rectora de una minoría que marca la dirección que unívocamente ha de seguir el resto; hay, pues, un sujeto que impone su voluntad y un objeto -la inmensa mayoría- que obedece ciegamente. Este hecho es tan válido en las fábricas como en los ejércitos, tanto en las democracias como en los estallidos revolucionarios. Pero en el terreno político, la pregunta decisiva es (idealismos aparte) si las cabezas que están al mundo utilizan su autoridad para consumar ideas suprapersonales, o si tan sólo se busca el botín con el fin de consolidar y acrecentar negocios puramente privados. Y como no podía ser menos, los demagogos que más han despuntado en la Historia han anhelado únicamente servirse de la masa que previamente habían aglutinado y enardecido, todo ello con la clara intención de aprovecharse de ella y manejarla a su antojo para alcanzar el poder que por tradición no les corresponde. Por eso la "democrática" fórmula de prometer todo cuanto a la plebe le apetece se convierte en expresión de la época, y los ideales utilitarios que persiguen la "felicidad del mayor número" desarrollan sistemas eticosociales con el propósito de legitimar en el campo teórico las aspiraciones plutocráticas del sistema dominante.

Como fácilmente podemos bosquejar, los partidos políticos y los sindicatos, acompañados del innumerable séquito de incondicionales ávidos de ocupar cargos burocráticos, así como de la clase de los banqueros y altos financieros, han llevado a cabo conjuntamente la exitosa tarea de expropiar la autoridad del Estado en política y la del inventor o empresario en economía. Sus altas esferas son las que han subvertido el significado de todos los términos que antaño parecían inamovibles (libertad, autoridad, clases sociales, capitalismo, riqueza, pobreza) y los han acomodado de acuerdo a sus particulares intereses; han invertido ingentes sumas de dinero para, a través de los mass media y las instituciones públicas, atenazar al individuo hasta reducirlo a mera función de un invisible "campo de fuerza" que hoy abarca toda la Tierra; han creado organismos internacionales con los que poder hacer sentir los implacables efectos de sus decisiones hasta en los rincones más inaccesibles del planeta. Estas personalidades privadas, estos "césares del Dinero", son los señores de nuestras cosmovisiones y de nuestros destinos, y sólo una catástrofe de proporciones colosales puede quebrantar su ilimitado poderío.

Pero para hallar los orígenes de esta inmensa revolución debemos remontarnos muy atrás en el tiempo. Fue hacia la segunda mitad del siglo XIX cuando las teorías oriundas del marxismo penetraron de tal forma en política que lograron desviar la creciente aversión que ciertos sectores sintieron hacia el Estado de constitución liberal, canalizando ese odio en la dirección de los industriales. Esta circunstancia fue pronto aprovechada por los nuevos regentes del Estado, que empezaron a intervenir en la vida económica de todas las potencias europeas, dividiéndolas internamente mediante parlamentos y partidos (división que sólo pudo superar Inglaterra debido a su larga tradición parlamentaria) y fomentando la discordia en su seno para hacer imposible la unidad de cara a la política exterior. De esta forma los esfuerzos estatales se focalizaron casi exclusivamente en la economía nacional, por lo que la labor del genuino estadista, repleta de una profunda experiencia histórica, se desvalorizó hasta dejar el puesto a los negocios de partido y a los agitadores profesionales, marginando la política de Gran Estilo a un segundo plano.Pero este orden será aniquilado en cuanto se extinga el pensamiento economicista, lo cual acontecerá en el mismo instante en que se constate que el valor del Dinero no se corresponde con ningún valor real o tangible, sino tan sólo con magnitudes abstractas, como las "cotizaciones", que pueden hacer aumentar la deuda indefinidamente hasta que por la falta de recursos el sistema se colapsa y se viene abajo. Es en esta encrucijada cuando resurgirán los poderes de la auténtica política, que vencerán a los beneficiarios del anterior orden en una contienda cuyo resultado está determinado. A partir de entonces los combates serán más privados que nunca, pero ya no por Dinero, sino por alcanzar el poder absoluto. Serán tiempos en los que unas pocas personalidades enérgicas podrán reunir bajo su mando ejércitos inmensos, tiempos en los que los territorios en disputa serán azotados por el pillaje de quienes, libertados del pusilánime economicismo, buscarán en el saqueo y la violencia las armas con las que abrir el camino a un nuevo capítulo de la Historia.


Por Antonio Marco Mora.

La clase consumista



Maximizar los beneficios empresariales en el largo plazo requiere construir y extender un estilo de vida vertebrado a partir del consumo. Eso exige que la publicidad y los media sean agentes de educación y socialización primaria. Para incorporarse a la sociedad de consumo, la ciudadanía del futuro necesita ser socializada, ante todo, como clase consumidora. Por eso, niños y niñas constituyen un público objetivo esencial para la publicidad.

Tienen un carácter estratégico como audiencia presente, ya que ejercen un fuerte influjo sobre las decisiones de compra de los adultos: según The Economist los menores de 14 años influyen en el 47% del gasto familiar. Y también hay que pensar en el futuro: “se trata de que el niño se vaya familiarizando con el logo de BMW, que lo vea cuando vea el coche de su padre, y al cabo de los años sea él mismo quien se compre el coche...”.

El nivel de exposición de los menores a los medios de comunicación y la publicidad es mayor que el tiempo dedicado a los estudios. Nacer y crecer, comiendo, bebiendo, mirando, sintiendo y respirando publicidad puede asegurar la continuidad del modelo en el futuro. Fabricar consumidores y consumidoras en serie requiere moldeamiento, educación y transmisión de valores individualistas.

El consumidor no nace, se hace.
Extraído de "ConsumeHastaMorir".

sábado, 27 de junio de 2015

Una terrible belleza ha nacido




Estamos luchando por un mundo plural en el que las diferencias culturales entre los pueblos se respeten y mantengan en todas las formas y se incrementen para bien.

Queremos un mundo con diferentes personas, diferentes lenguas y diferentes tradiciones culinarias, etc.

Queremos un enfrentamiento entre diferentes formas de existencia, que no degenere en confusión y desfiguración identidades recíprocas.

Así que quien nos acusa de "odio diferente" está simplemente tratando de reciclar un estereotipo periodística que expresa lo que iba a denunciar: la ignorancia pura y dura.

Nuestro enemigo es el pensamiento que durante dos mil años y nivelación impone la igualdad, un mundo a una dimensión, es la aprobación en general, es el monocultivo del cerebro, los logotipos omnipresentes y el cosmopolitismo progresista. Esto es todo lo que expresa el verdadero y único "odio al diferente".

Adriano Scianca, extracto de Casapound.