domingo, 5 de julio de 2015

La idea Juche

La visión de la historia según la idea Juche
La historia aparece así como una lucha continua llevada a cabo por la humanidad a formar una sociedad que respete la independencia individual, cada fase en la historia es vista como más libre que la anterior, las fuerzas impulsoras de esta lucha son ideas creadas por líderes, por lo tanto, Juche es hegeliana y dialéctica, aunque no materialista. Es interesante que en un sitio web de discusión, en un debate sobre Juche y el marxismo, se dice que mientras Marx derivó su visión de la historia de una combinación entre Hegel y Feurbach; Juche se inclina hacia Hegel y descarta a Feurbach, siendo ésta exactamente la misma posición que Alexandr Dugin tuvo en la creación de su Nacional-Bolchevismo.

Juche, la filosofía de estado oficial de la República Popular Democrática de Corea, es una doctrina muy poco conocida en Occidente, pero tiene que ser seriamente estudiada por todos los revolucionarios de aquí por dos razones principales: 1. De todas las naciones socialistas y anti-capitalistas que han existido, la RPDC es la única que nunca ha sido derrotada en una guerra o destruída desde dentro, a diferencia del Marxismo o el Fascismo, la idea Juche ha demostrado ser de larga duración y resistente ante ataques. 2. De todos los enemigos de EEUU, la RPDC ha sido objeto una enorme campaña propagandística, se puede decir que la RPDC es el mayor enemigo de Estados Unidos en el mundo ahora mismo, y como dice el escritor eurasiatista ruso Andrei Ignatiev: “La RPDC es una imagen invertida de América”. Para aquellos de nosotros que buscan construir una nueva sociedad en éste país, el caso de Corea del Norte es efectivamente digno de estudio.

¿Qué es Juche?
En lengua coreana, Juche es una combinación de dos caracteres – Ju significa “Señor” y Che significa “ser como” o “ser un Dios”. El líder norcoreano Kim Jong Il lo define así: “Juche significa que el hombre es dueño de su propio destino.” Esta filosofía se opone tanto al idealismo como al materialismo ya que estos dos sistemas de pensamiento en esencia dicen que el ser humano está sujeto a fuerzas externas ajenas a su voluntad, mientras que el Juche dice que no hay nada que el hombre no pueda hacer si él quiere; como se explica en un libro doctrinario del Juche “Un hombre puede mover una montaña, incluso si su fe es tan pequeña como un grano de arroz”. Bajo mi punto de vista éste sistema parece tener reminiscencias del ideal fáustico- la encarnación pura de la voluntad de poder nietzscheana. También la idea de hacer un dios de sí mismo me recuerda a la “vía de la mano izquierda” de Julius Evola (originalmente del tantrismo, N.d.T.) y de la deificación como meta de vida del hombre-guerrero. Ignatiev dice que el “hombre” al que se refiere la idea Juche en sus obras no es la simple humanidad moderna de la filosofía occidental, sino más bien el “hombre superior nacido dos veces” de la creencia esotérica de Asia, el hombre que ha alcanzado el auto-conocimiento, la auto-maestría.

Características del Hombre
Juche dice que el hombre es un ser superior a los animales, que es superior por naturaleza y no simplemente una forma evolucionada como dicen los marxistas. El hombre tiene tres características especiales que lo separan y lo colocan por encima de los animales: la independencia, la creatividad y la conciencia. Independencia significa que el hombre quiere controlar su propia vida y se niega a ser esclavizado o controlado por otros hombres o por la naturaleza; creatividad significa que el hombre tiene la capacidad de pensar fuera de su propia realidad y visualizar otras realidades (un concepto importante en el campo de la iniciación ) y conciencia significa que el hombre nace con sentimientos de compasión y de consideración para con sus semejantes – una perspectiva con la que concuerda el confucianismo, pero que se opone a las religiones occidentales que ven al hombre siendo algo así como malo por naturaleza. El hombre también se define como un ser social en la era Juche, para ser asimilado en la sociedad en lugar de permanecer solitario. La meta, pues, de la ciencia política es crear una forma de gobierno que una a la gente sin suprimir a los individuos la libertad de ser ellos mismos.

Juche, socialismo, nacionalismo
El socialismo es visto como la forma más elevada de desarrollo económico, porque une a todas las personas de una sociedad en un conjunto sin divisiones de clase garantizando al mismo tiempo todo lo que el hombre necesita en la vida, tal como comida gratis, vivienda, atención médica, ropa y educación, así como derecho al trabajo y al ocio. A través de estas medidas, en el socialismo el hombre tiene el tiempo y la capacidad para iniciar la siguiente etapa de su desarrollo, trabajando sobre sí mismo para superar la condición humana y alcanzar un nivel cada vez más elevado de existencia.

Al afirmar que el hombre es un ser social, la pregunta siguiente es ¿cómo se forma una sociedad? Juche responde afirmando que la etnicidad es el pilar-base sobre el cual construir una sociedad. Las naciones son vistas por el Juche como formas de vida en sí mismas que trascienden las divisiones económicas, como Kim Jong Il dijo en 2003 en su trabajo “Sobre un correcto entendimiento del nacionalismo” “Un coreano burgués y un coreano proletario son ambos coreanos y los dos comparten el interés común de oponerse a los extranjeros que deseen controlar Corea”. Ésta opinión no es marxista en absoluto (Marx estaba completamente en contra del nacionalismo considerándolo nada más que una treta burguesa) y está más cerca de Giovanni Gentile y de las doctrinas del Fascismo italiano. Una divertida anécdota relata que cuando Kim Jong Il tenía 18 años y estudiaba el Manifiesto Comunista en la universidad, se enfureció cuando leyó la línea de “el proletariado no tiene patria” e inmediatamente lo tachó y escribió en los márgenes “Yo soy coreano y yo soy socialista, no veo ninguna contradicción”.

Juche define el concepto de nación como gentes que comparten una misma lengua, un territorio común, y una misma sangre – una concepción que aterrorizaría a los izquierdistas progres occidentales y tal vez consolaría a algunos nacional-revolucionarios. Teniendo en cuenta que la etnicidad y la nación son parte intrínseca del carácter humano, cualquier tentativa de privar al hombre de sus orígenes étnicos y de sus sentimientos nacionales es visto como un intento de privarlo de su independencia; para el Juche el principal antagonismo existente en el mundo de hoy es la lucha entre la globalización capitalista – que busca destruir las ideosincrasias culturales y los linajes -, y el socialismo nacionalista que trata de preservar la naturaleza única de todas las naciones y de todos los pueblos.

El líder
Mientras Juche reconoce la igualdad de todos los hombres en términos de derechos y deberes entre sí, no cree que todos los hombres sean iguales en capacidades. Juche es un sistema meritocrático mediante el cual todos deben realizar aquellos trabajos para los cuales posean una aptitud natural – exactamente como en la República platónica. Como se mencionó anteriormente, Juche ve la historia como una sucesión de acontecimientos basados en ideas creadas por los líderes. El líder es visto como una persona que ha nacido para gobernar, y es en cierto modo de una esencia diferente a la de las masas: Él ama y sirve a las masas, pero no forma parte de ellas, y aunque no es admitido de manera tan tajante, el Juche dice que las masas deben venerar a los líderes porque el líder no necesariamente tiene que ser bueno para con ellos … Así pues todos los dones del líder para con su gente son una bendición que debe ser agradecida. Las cualidades de liderazgo se puede transmitir de padres a hijos, los escritos de coreanos han expuesto la idea de que la familia de Kim Il Sung, su hijo y sucesor Kim Jong-Il y el aparente heredero Kim Jong Un comparten un común “linaje superior”. De hecho el Juche puede considerarse una doctrina monárquica, reminiscente de las viejas ideas tradicionales de la realeza divina.

Autarquía
Como parte de la construcción de un país independiente, el Juche considera cualquier tipo de dependencia del comercio exterior como conducente a la dominación extranjera, por lo que la RPDC lleva a cabo una estricta política de autarquía económica, y si los coreanos no pueden hacer algo en Corea con materiales coreanos, preferirán prescindir de ése algo. Mientras que en un país pequeño como Corea ésto conduce a una forma mucho más dura de vida, para aquellos de nosotros que somos combativos y hemos leído los elogios a la austeridad económica de Julius Evola en su obra “Hombres entre las Ruinas”, este espartano sistema es muy admirable ya que se basa en el sacrificio de ganancias materiales en pos de un principio superior. Juche va aún más lejos y dice que el éxito de la revolución depende de cada ciudadano del Estado, por lo tanto a cada coreano mayor de 18 años se le entrega un arma y se espera de él que luche por su país; incluso si el Gobierno y el Ejército fueran derrotados se espera, si llegase el peor de los casos, que cada persona luche hasta la muerte sin ningún tipo de estructura de comando, pues la autonomía significa también que cada individuo es el máximo responsable de su futuro.

Lo que todo esto significa para nosotros
Los coreanos siempre hincapié en que su ideología es sólo para su nación y para su pueblo y que no puede ni debe ser exportado o aplicado en otros lugares. Por lo tanto un partido Juche de América sería un non sequitur, sin embargo aún hay cosas que creo que podemos aprender de los coreanos: 1. Podemos admirar su espíritu de lucha y la voluntad de morir antes que de ceder a las del mundo occidental. 2. Podemos recuperar el sentido de cuán importante es nuestra identidad étnica para nuestra propia personalidad, 3. Podemos aprender que es posible estar orgullosos de nuestra propia gente, sin ser chauvinistas ni imperialistas y sin odiar a los demás, 4. Podemos ver cómo es posible construir un Estado que no esté conectado con el mundo exterior, una economía que no esté controlada por losbanksters, y un sistema educativo que enseñe valores en lugar de depravación y 5. Podemos aprender lo importante es un liderazgo fuerte en la política.

La oscuridad de nuestra época


Mi “optimismo”, como usted dice, no es beato. No pertenezco a una parroquia donde se cree que todo acabará por arreglarse. Veo perfectamente todo lo que es negro en nuestra época. Presiento, sin embargo, que los poderes que pesan negativamente sobre la suerte de los europeos se verán perjudicados por los choques históricos que han de venir. Para alcanzar un despertar auténtico, todavía hará falta que los europeos puedan reconquistar su conciencia indígena y la larga memoria de la que han sido desposeídos. Las pruebas que nos han de llegar ayudarán a emancipar aquello que se nos manchó en profundidad. Es la tarea temeraria a la cual me consagré. Tiene pocos precedentes y no es para nada política. Más allá de mi mortal persona, tengo la certeza que las antorchas encendidas no se apagarán. Me remito para esto a nuestros poemas fundadores. Ellos son el depósito de todos nuestros valores. Pero constituyen un pensamiento en parte perdido. Nosotros nos propusimos reinventarlo y proyectarlo sobre el futuro como un mito creador.

Dominique Venner.

sábado, 4 de julio de 2015

El fatal destino de los “revolucionarios de derecha”

El 20 de noviembre de 1936, tras su juzgamiento por un Tribunal Popular en la ciudad de Alicante, fue ejecutado el marqués José Antonio Primo de Rivera, hijo del dictador que había gobernado España unos años antes y Jefe Supremo (tras la expulsión de Ramiro Ledesma Ramos) de Falange Española de las JONS. José Antonio se convirtió desde entonces en bandera de todas las agrupaciones nacionalistas católicas en Argentina y en otros lugares (desde luego, principalmente en España). Sin embargo, su tragedia, y la de Falange, deberían hacer reflexionar a quienes pretenden ser sus discípulos.

¿Una falange de izquierda?
Muchos años atrás, en 1973, el falangista español Manuel Cantarero del Castillo publicaba el libro Falange y Socialismo, cuya tesis central podía sorprender a más de un lector: José Antonio y Falange eran presentados como exponentes del campo revolucionario, y no del campo conservador; de la izquierda, y no de la derecha; del catolicismo social que advendría con el Concilio Vaticano II, y no del catolicismo integrista (del estilo de los cavernícolas de Cabildo); del socialismo, y no del capitalismo. Escribía Cantarero: “Presento una Falange de izquierdas. Quien se propusiera presentar una Falange de derechas no podría, con seguridad, aportar un testimonio textual, extraido de los escritos y palabras de los fundadores mismos, ni siquiera aproximado, en dimensión cuantitativa y en intensidad cualitativa, al aportado por mí”. Las citas presuntamente probatorias de la tesis de Cantarero abundaban en el libro. Por ejemplo, en 1934 José Antonio explicitó: “yo no soy de derechas, como la gente cree, en absoluto”. El Cancionero de las juventudes falangistas decía: “¡Viva la Revolución!/ ¡Viva Falange de las JONS!/ ¡Fuera el capital!/ ¡Viva el Estado Sindical!”. El programa de Falange, incluso, se pronunciaba abiertamente en favor de la reforma agraria, de la nacionalización de la Banca y de los servicios públicos.

Sin embargo, todas esas citas no sirven para probar la tesis de una Falange perteneciente al campo de la izquierda o de las masas explotadas. No porque sean falsas, sino porque carecen de lo que algunos especialistas llaman “relevancia explicativa”, es decir, carecen de pertinencia. Lo que determina la naturaleza de una organización política, principalmente, no es su discurso, sino las clases y sectores sociales en que esa organización ha encarnado. Más importante que preguntarse qué pensaba José Antonio, es preguntarse qué intereses sociales vehiculizaron los falangistas en los años 30, cuando la agudización de los antagonismos de clase en España dio lugar a la emergencia de una situación revolucionaria. ¿De qué lado se ubicó Falange? ¿Del lado de quienes aspiraban a una revolución social que privilegiara los intereses de las masas más sumergidas? ¿O del lado de las clases dominantes decididas a defender a sangre y fuego sus propio intereses?


¿Con la revolución o con la contrarrevolución?
La respuesta la proporciona el mismo José Antonio. Decía en 1934: “Otros nos suponen reaccionarios porque tienen la vaga esperanza de que mientras ellos murmuran en los casinos y echan de menos privilegios que en parte se les han venido abajo, nosotros vamos a ser los guardias de asalto de la reacción y vamos a sacarles las castañas del fuego”. En enero de 1936 advertía a la derecha disfrazada de “nacionalista”: “¡Mucho cuidado con invocar el nombre de España para defender unos cuantos negocios, como los intereses de los bancos o los dividendos de las grandes empresas”. En otra oportunidad, ese mismo año, decía: “La política de las derechas respecto a mi partido ha sido siempre la misma: querer aprovechar el brío combatiente de mis muchachos. Esta es la clave. Por eso de cuando en cuando a mis muchachos les buscaban la gracia. Eso sí, querían impedir a toda costa, pero que a toda costa, que a estos muchachos los dirigiera yo. ¿Por qué? Porque dicen que estas cosas que yo decía de la tierra y demás eran señuelos que yo utilizaba para atraer a las clases obreras”.

En realidad, a la burguesía de Bilbao que financiaba generosamente a los grupos de choque falangistas que en la calle enfrentaban a la clase obrera y a la izquierda, no les preocupaba demasiado el discurso “social” y “revolucionario” de José Antonio y de Ramiro de Ledesma. Ya llegaría el momento de ajustar las cuentas con ellos. Entretanto, en los momentos decisivos, como durante las huelgas obreras de 1934 en Asturias, los falangistas participaban conjuntamente con la policía en las tareas represivas. Y eso era lo que valía.

Eran agentes del viejo orden, más que parteros de un orden nuevo. En 1936, organizaron con los militares derechistas el levantamiento contra la República. A la manera de los fascistas en Italia o de los nazis en Alemania, los falangistas actuaban como “la revolución contra la revolución”, es decir, como una organización de masas (pequeñoburguesas y desclasadas) lanzada contra las organizaciones de masas (sindicatos obreros, partidos de izquierda, intelectualidad progresista, etc.). Actuaban, en suma, como un movimiento de masas contrarrevolucionario. Pero un movimiento de masas contrarrevolucionario alberga una contradicción explosiva que lo condena a perecer. Esto es lo que le sucedió a la Falange, que a través de una serie de fusiones y reagrupamientos, terminó siendo absorbida por la derecha que la había usado para que “le sacara las castañas del fuego”, como tan bien percibió el propio José Antonio.

El franquismo devoró a la Falange: la segunda muerte de Jose Antonio
En 1931 Ramiro Ledesma había fundado las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (JONS). Se trataba de una organización de composición plebeya y con un programa anticapitalista y radicalizado. En 1934 el grupo se fusiona con la Falange que José Antonio había fundado un año antes: nacía Falange Española de las JONS, con la jefatura compartida entre José Antonio y Ramiro Ledesma. El “ala izquierda” de las JONS se apartó, disgustada por un acuerdo que licuaba su perfil revolucionario. En 1935 Ledesma es expulsado y José Antonio se convierte en el Jefe Supremo. Las JONS quedan absorbidas por Falange. Pero un año después, en 1936, el propio José Antonio es eliminado. A esta altura, FE de las JONS ya se convirtió en el partido de masas que el franquismo necesitaba para disimular su carácter reaccionario y oligárquico. En 1937 FE de las JONS se unifica con Comunión Tradicionalista, expresión monárquica conservadora. Nace Falange Española Tradicionalista de las JONS. Poco y nada quedaba del espíritu originario de Falange y de las JONS. Franco detiene a Hedilla, el sucesor de José Antonio, y coloca a los falangistas dentro del “movimiento nacional” por él conducido. A comienzos de los años 60, sin pena y sin gloria, el falangismo desaparece legalmente y los cuadros procedentes del Opus Dei (de la derecha católica tecnocrática) gobiernan al lado del “Generalísimo”. Por esta época, un sobreviviente de la Falange originaria ensayaba un ejercicio retórico preguntando a José Antonio si “está contento con nosotros”. Y respondía lo siguiente: “Yo creo que no. Y yo creo que no porque te levantaste contra la materia y el egoismo y hoy los hombres han olvidado la sublimidad de tus palabras, para correr como locos sedientos por el camino del egoismo y de la materia. Porque despreciaste el dinero y los hombres buscan el dinero; y el negocio se impone al deber, y el hermano vende al hermano, y se especula con el hambre del humilde y con las dificultades de la Patria. Porque los hombres confunden tu lema de ser mejor con el de estar mejor. José Antonio, tú no estás contento de nosotros. Tú nos tienes que mirar desde tu sitio, desde tu 20 de noviembre, con profundo sentido del desprecio y la melancolía. Tú no puedes estar contento con esta vida mediocre y sensual”.

Pero José Antonio no era inocente del destino trágico de la Falange. No advirtió (y si lo advirtió no hizo nada por evitarlo) que su programa “revolucionario” no era nada si en vez de encarnarse en las fuerzas sociales y políticas que enfrentaban al capitalismo, se encarnaba en las que lo defendían. Obsesionado por lo que consideraba una inminente victoria del comunismo sobre el capitalismo, se puso al servicio de este último. Fue usado por la gran burguesía y arrojado como un limón exprimido una vez que su tarea estuvo realizada. Si el Tribunal de Alicante no hubiera ejecutado a José Antonio, lo habría hecho Franco unos años después.Esta es la tragedia inmensa no sólo suya y de de los falangistas, sino de todos los que se proclaman “revolucionarios de derecha”.
Gustavo Cangiano

La cultura consumista

Por lo que fuera, por reminiscencias feudales que están allí en nuestra cultura; por clasismo dominador, tal vez por la cultura consumista que nos rodea a todos, las repúblicas frecuentemente en sus direcciones adoptan un diario vivir que excluye, que pone distancia con el hombre de la calle.

En los hechos, ese hombre de la calle debería ser la causa central de la lucha política en la vida de las repúblicas. Los gobiernos republicanos deberían de parecerse cada vez más a sus respectivos pueblos en la forma de vivir y en la forma de comprometerse con al vida.

El hecho es que cultivamos arcaísmos feudales, cortesanismos consentidos, hacemos diferenciaciones jerárquicas que en el fondo socavan lo mejor que tienen las repúblicas: que nadie es más que nadie. El juego de estos y otros factores nos retienen en la prehistoria. Y hoy es imposible renunciar a la guerra cuando la política fracasa. Así se estrangula la economía, derrochamos recursos.

viernes, 3 de julio de 2015

El bolchevismo y nuestra revolución.

Diferenciado del bolchevismo teórico, el bolcheviquismo práctico y real alejado del materialismo histórico marxista y materializado en el leninismo y el stalinismo versátil influyó en ideólogos como el alemán Eltzbacher, padre del nacionalbolchevismo o bolchevismo a secas. Según Dugin, no ha existido jamás un bolchevismo no nacional. Así mismo el leninismo influyó decisivamente en Thiriart y su organización Joven Europa, iniciando el camino del nacional-comunitarismo como evolución lógica del comunismo nacional.


El bolchevismo tuvo una importante influencia en el pensamiento strasserista y en general en el socialismo Bündisch revolucionario, cuyo cuerpo disidente (y represaliado) giraba en torno a la comunidad del pueblo (Volksgemeinschaft) como socialismo nacional y nacionalizador de la economía.


Fueron, en definitiva, las corrientes revolucionarias y de vanguardia obrera las constituyentes del socialismo del que se nutrieron los movimientos NR (o pre-NR) en Europa. Mientras en el norte el comunismo anti-marxista y nacional -bolchevique- sentaba las bases, en el sur eran los movimientos sindicalistas, empapados de voluntarismo y de heroicidad patria.

jueves, 2 de julio de 2015

Nunca te rindas




Nunca permitas que tu espíritu envejezca mas rápido que tu cuerpo, mantén tu destino tomado bien firme de tu mano, las ideas que habitan en tu cabeza son el arma que cargaras por siempre en esta ingrata contienda y en tu espalda el peso del mundo, tu corazón es un motor lleno de sueños y nunca debe dejar de funcionar, sacrifica tus intereses y destierra la pasividad, lánzalos al fuego para que el frió no te consuma, permanece incólume y jamas te sientas conforme, no dejes que nada te derrote y por sobre todo.

NUNCA TE RINDAS.

miércoles, 1 de julio de 2015

Enemigos de la revolución materialista


“Uniendo, en esto, nuestra voz a la de los comunistas y anarcosindicalistas, no vacilamos en declararnos enemigos del orden burgués, con sus vicios peculiares.
Sólo que nosotros no necesitamos para acreditar nuestra repulsa, recurrir a las cobardes mentiras que el materialismo revolucionario acumula sobre la sociedad burguesa, no por ser burguesa, sino por ser cristiana. En el fondo de todo caudillo de la revolución materialista, vendido al espíritu judío de Marx y Lenin, lo que hay no es un liberador, sino un monstruo burgués. Los que tienden a revolcar la civilización cristiana en nombre del pregonado dolor de los obreros y campesinos, aspiran exclusivamente a sustituir la tiranía que a otros cuelgan aunque no la vean, por la suya propia. No destruirán palacios, sino que los ocuparán ellos. Seguirán corriendo automóviles y sirviéndose banquetes, sólo que en lugar de participar del lujo las masas de la blusa azul, lo usufructuará la casta dominante al amparo de un terror cobarde e hipócrita.”

Onésimo Redondo